{"id":38504,"date":"2013-10-08T10:04:39","date_gmt":"2013-10-08T13:04:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.eltrabajo.cl\/portal\/?p=38504"},"modified":"2013-10-08T10:04:39","modified_gmt":"2013-10-08T13:04:39","slug":"a-62-anos-del-fusilamiento-del-tucho-caldera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eltrabajo.cl\/portal\/a-62-anos-del-fusilamiento-del-tucho-caldera\/","title":{"rendered":"A 62 a\u00f1os del fusilamiento del \u2018Tucho Caldera\u2019"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_38505\" aria-describedby=\"caption-attachment-38505\" style=\"width: 222px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-38505  \" title=\"El condenado Alberto Hip\u00f3menes Caldera de 50 a\u00f1os.\" alt=\"El condenado Alberto Hip\u00f3menes Caldera de 50 a\u00f1os.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg?resize=222%2C272\" width=\"222\" height=\"272\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg?w=529&amp;ssl=1 529w, https:\/\/i0.wp.com\/eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg?resize=122%2C150&amp;ssl=1 122w, https:\/\/i0.wp.com\/eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg?resize=244%2C300&amp;ssl=1 244w, https:\/\/i0.wp.com\/eltrabajo.cl\/portal\/wp-content\/uploads\/2013\/10\/tucho.jpg?resize=400%2C489&amp;ssl=1 400w\" sizes=\"auto, (max-width: 222px) 100vw, 222px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-38505\" class=\"wp-caption-text\">El condenado Alberto Hip\u00f3menes Caldera de 50 a\u00f1os.<\/figcaption><\/figure>\n<p>El 11 de mayo de 1947 se escribi\u00f3 una de las p\u00e1ginas policiales m\u00e1s \u2018rojas\u2019 en materia criminal. Un crimen que impact\u00f3 a toda la ciudad de San Felipe, pero que en sus detalles conmocion\u00f3 al pa\u00eds entero.<\/p>\n<p>Hoy revelaremos antecedentes nunca antes sabidos del \u00fanico criminal que enfrent\u00f3 al pared\u00f3n sin testigos ajenos a Gendarmer\u00eda, sin prensa y con dos sepulturas para su \u00faltimo adi\u00f3s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La historia del crimen del \u2018turco Amar\u2019 y la ca\u00edda del \u2018tucho\u2019<\/strong><\/p>\n<p>San Felipe, 10 de mayo de 1947<\/p>\n<p>Demetrio Amar Abedrapo acaba de enterarse que est\u00e1 casado con Mar\u00eda Elsa Caldera, de 19 a\u00f1os, y que le ha entregado la potestad administrativa de todos sus bienes -que alcanzan los 17 millones de pesos- al padre de la joven, el carnicero Alberto Hip\u00f3menes Caldera Garc\u00eda.<\/p>\n<p>Un par de detalles que sacan de lo cotidiano ambas situaciones: Amar Abedrapo es hombre mayor, comerciante de telas, calzado y sombreros, miembro de la colonia \u00e1rabe de San Felipe y no sabe leer ni escribir en espa\u00f1ol. Tampoco ha tocado un pelo de aquella mujer alta, morena, cabello negro rebelde y sin peinar, ademanes toscos, de andar y vestir descuidado, que aparenta m\u00e1s edad de la que tiene, por m\u00e1s que un papel diga que se trata de su esposa.<\/p>\n<p>A Demetrio Amar Abedrapo se le viene a la memoria el documento de \u2018compraventa\u2019 que le firm\u00f3 hace unos d\u00edas a Caldera Garc\u00eda \u2013en realidad corresponde a un papel en blanco-, y de la perplejidad decide pasar a la acci\u00f3n. Sale a recorrer las calles de San Felipe en busca de quien se dice su amigo para que le d\u00e9 una respuesta razonable de lo ocurrido. Lo encuentra lanzando monedas a la pileta de la Plaza de Armas.<\/p>\n<p>Es 11 de mayo de 1947 y en la tranquila tarde oto\u00f1al de un domingo de descanso, es Caldera Garc\u00eda \u2013conocido como el Tucho- quien levanta la cortina de la tienda de g\u00e9neros de Prat 226, exactamente donde hoy se levanta el \u2018Edificio Prat\u2019. Su patr\u00f3n ocasional ha desaparecido, y desde el mostrador de la farmacia \u2018Prat\u2019, una joven Raquel Amar atiende la \u00fanica farmacia abierta ese d\u00eda, observando c\u00f3mo Caldera se pasea una y otra vez con bultos y cajas por la vereda de en frente.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente no es Amar el que atiende en el negocio, sino el mismo Caldera, el que, con total desparpajo, exhibe a todo aquel que tenga al otro lado del mes\u00f3n, un poder extendido el 1 de abril de 1947 por el notario de Putaendo, Rafael Gonz\u00e1lez Prats, donde se se\u00f1ala que Amar Abedrapo lo nombra administrador de todos sus bienes. Asegura a la perpleja familia Amar que el comerciante ha partido rumbo a Santiago y que despu\u00e9s \u2013si lo considera necesario- lo har\u00e1 hacia Palestina.<\/p>\n<p>El 11 de mayo, los hermanos de Amar Abedrapo ponen una denuncia por presunta desgracia y contratan los servicios del abogado Henry Molina para que los represente en los Tribunales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Agua de la verdad<\/strong><\/p>\n<p>Al abogado Molina no lo dejan conforme las explicaciones del Tucho Caldera. Aprovecha sus contactos para dar inicio a una campa\u00f1a en los medios de comunicaci\u00f3n, destinada a aclarar la desaparici\u00f3n de Demetrio Amar Abedrapo. A esto se agrega la presi\u00f3n de la poderosa colonia \u00e1rabe residente que exige una respuesta a la justicia.<\/p>\n<p>La Corte de Apelaciones de Valpara\u00edso acusa recibo y nombra un Ministro en Visita. \u00c9ste procede a la detenci\u00f3n de los sospechosos, entre los cuales se cuenta al Tucho Caldera, quien sigue repitiendo el mismo discurso de la decisi\u00f3n de su amigo de nombrarlo heredero de su fortuna ante la desconfianza que le genera su propia familia (el comerciante no tiene hijos, s\u00f3lo hermanos y sobrinos).<\/p>\n<p>La c\u00e1rcel no es un lugar ajeno para el Tucho Caldera. Aunque el comidillo le adjudica m\u00e1s de una muerte a este mat\u00f3n del candidato y luego Presidente de la Rep\u00fablica, Gabriel Gonz\u00e1lez Videla, s\u00f3lo se le comprobaron dos homicidios por los que cumpli\u00f3 una breve condena. Tambi\u00e9n estuvo detr\u00e1s de los barrotes por robo de ganado.<\/p>\n<p>Su situaci\u00f3n econ\u00f3mica le permite un buen pasar dentro de la c\u00e1rcel, mientras hermanos, primos y cu\u00f1ados lo mantienen informado sobre las investigaciones del caso Amar Abedrapo. El Tucho disfruta de tener todo bajo control, cuando funcionarios de la polic\u00eda civil llegan hasta su celda con una autorizaci\u00f3n del Ministro en Visita para interrogarlo. De mente \u00e1gil, pide ser examinado por el m\u00e9dico del penal para dejar un registro de su estado antes de salir y, tras previa observaci\u00f3n, logra que s\u00f3lo se autorice por dos horas su permanencia en el exterior.<\/p>\n<p>El Tucho es llevado por los agentes a la tienda de telas que, hasta el momento de su detenci\u00f3n, \u00e9l administraba. Al ser tratado de \u2018se\u00f1or Caldera\u2019, aprovecha para quejarse porque algunas tablas del piso y de las paredes han sido arrancadas. Tampoco le agradan las excavaciones en el patio de la propiedad.<\/p>\n<p>Su vuelta al presidio a la hora indicada, le aumenta la confianza. Se deja llevar al d\u00eda siguiente, por los mismos polic\u00edas, a la tienda de telas. No pide un nuevo examen m\u00e9dico ni se preocupa por la hora de regreso. El descuido le cuesta caro: apenas pone los pies dentro del negocio, es empujado sobre una mesa, esposado por la espalda e inmovilizado por vendas en las piernas.<\/p>\n<p>Los polic\u00edas le introducen la cara dentro de un recipiente con agua el tiempo justo para que no muera ahogado. Durante las tres horas siguientes, lo fuerzan a que explique el motivo de la presencia de manchas de sangre dispersas por todo el recinto. El Tucho se va quedando sin voz de tanto gritar cada vez que su boca sale del agua.<\/p>\n<p>Gana unos minutos de tranquilidad al acusar a Manuel Amar de la muerte de su hermano mayor. Sin embargo, los polic\u00edas no le creen y siguen buscando la verdad con la particular \u2018t\u00e9cnica\u2019.<\/p>\n<p>Pasadas las tres de la ma\u00f1ana, el Tucho acaba por confesar la autor\u00eda de la muerte de Demetrio Amar Abedrapo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>La hora de la verdad<\/strong><\/p>\n<p>Con tal de librarse de un nuevo ba\u00f1o, Hip\u00f3menes Caldera Garc\u00eda decide confesar el crimen. Asegura haber actuado en compa\u00f1\u00eda de otros cuatro sujetos. Los sabuesos no le creen, le muestran el recipiente de agua y unos cables de electricidad. Se retracta y da inicio al relato que deja conforme a la polic\u00eda porque permite calzar las pistas reunidas:<\/p>\n<p>Al divisarlo junto a la pileta de la plaza, Amar Abedrapo lo encara por la estafa que lo ha convertido en marido y benefactor. El carnicero lo convence de continuar la conversaci\u00f3n en privado. Se dirigen a la tienda de Prat 226.<\/p>\n<p>Dentro del local, el Tucho golpea a su amigo en la cabeza con un martillo. Esto provoca una explosi\u00f3n de sangre que salpica paredes, piso y muebles de la tienda. Con la ayuda de una l\u00e1mpara de parafina puesta en el piso y sus conocimientos en el oficio, procede a descuartizar al cad\u00e1ver en 19 partes (una corresponde a la cabeza, seis piezas para el tronco y tres por cada extremidad de las articulaciones) utilizando un hacha, sierra y serrucho. Quema las manos y la cabeza para impedir su identificaci\u00f3n. Mete los restos en cajas de zapato y \u00e9stas dentro de una bolsa de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Montado en un caballo, se interna por el campo. Dirige el galope hacia un terreno de su propiedad, ubicado en el sector de El Almendral sin n\u00famero. Entierra los restos en un foso de tres metros, al pie de una muralla, con la ayuda de An\u00edbal Chaparro, un inquilino de 45 a\u00f1os, grueso, tosco y gigante (al momento de confrontarse delante de la polic\u00eda, los dos hombres se incriminan mutuamente. Los agentes los dejan por unos minutos golpearse, como una forma de entretenerse entre tanta tensi\u00f3n).<\/p>\n<p>Por la noche, luego de lanzar las v\u00edsceras a las aguas de una acequia, el Tucho contin\u00faa su cabalgata por el Valle del Aconcagua. Oculta entre los \u00e1rboles el cr\u00e1neo de su v\u00edctima envuelto en un saco. Sigue rumbo a Putaendo con la intenci\u00f3n de pernoctar all\u00ed.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, tras cancelar una buena suma de dinero al notario Rodr\u00edguez Prat, consigue que le firme unos documentos falsos que le confieren la administraci\u00f3n de los bienes de Demetrio Amar Abedrapo.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, ya de regreso en San Felipe, toma posesi\u00f3n de la tienda de telas sin siquiera titubear ante quienes le piden explicaciones.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su confesi\u00f3n, Alberto Caldera Garc\u00eda regresa a la c\u00e1rcel de San Felipe y luego es trasladado a la Penitenciaria de Santiago. En octubre de 1950, la Corte Suprema lo condena a pena de muerte. Contrario a lo esperado, el Presidente Gonz\u00e1lez Videla no hace valer su derecho a indulto con su ex empleado y los preparativos para la ceremonia final del 6 de octubre siguen su curso.<\/p>\n<p>El Tucho Caldera se convierte en la bestia de turno de los medios de comunicaci\u00f3n. Junto con su pasado de mat\u00f3n del Partido Radical y de haber sido educado con sus hermanos dentro de una banda criminal liderada por su madre, se rumorea su afici\u00f3n de arrojar al fuego a quiltros vagabundos. Tambi\u00e9n se habla que sus perros de caza devoran gatos vivos y que por sus fauces pasaron, adem\u00e1s de un caballo enfermo, una empleada, un muchacho sordomudo y hasta un hermano del Tucho.<\/p>\n<p>Todos habr\u00edan tenido la osad\u00eda de contradecirlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Pared\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Amanece aquel 6 de octubre. Todo listo en el Patio Siberia de la Penitenciar\u00eda de Santiago. Varios sacos de arena cubiertos de lona rodean un palo grueso de tres metros, en cuya base se sostiene un asiento de madera donde posar\u00e1 el criminal de cien kilos y 50 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Alberto Hip\u00f3menes Caldera Garc\u00eda aparece por una puerta lateral. Se le ve m\u00e1s calvo que al inicio del proceso. Viste terno negro y una camisa blanca sin corbata. Los grillos y esposas entre manos y pies le hacen dar pasos cortos. Lo acompa\u00f1an a sus costados un sacerdote cat\u00f3lico y un pastor evang\u00e9lico. Dos gendarmes le sacan las esposas, amarran al asiento y le vendan la vista. Los representantes de Dios se hacen a un lado cuando el oficial levanta el sable con parsimonia. Los presentes comentan en murmullos este detalle. \u201cVa a morir un valiente\u201d, se escucha gritar al condenado. El oficial desciende el sable. Se oyen diez disparos secos y seguidos. El Tucho dobla la cabeza hacia adelante. El m\u00e9dico corrobora que su coraz\u00f3n dej\u00f3 de latir. Lo envuelve una estela de hedor: luego de su grito, el condenado hab\u00eda soltado sus esf\u00ednteres.<\/p>\n<p>El cad\u00e1ver del Tucho, examinado y limpio, es entregado a la familia Caldera cerca del mediod\u00eda. Ante la decisi\u00f3n de la justicia, sumado a la presencia de periodistas y fot\u00f3grafos merodeando por todos lados, sus hermanos reaccionan con violencia. Uno de ellos saca su rev\u00f3lver y dispara al aire para alejar los fogonazos de las c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas.<\/p>\n<p>Desde la distancia, avergonzada, con el recuerdo de la c\u00e1rcel a\u00fan presente, una muchacha alta, morena, cabello negro rebelde y sin peinar, ademanes toscos, de andar y vestir descuidado, a\u00fan virgen, observa la forma en que su padre tuvo que pagar por buscarle un marido.<\/p>\n<p>Investigaci\u00f3n Pedro Mu\u00f1oz Hern\u00e1ndez y Claudio Rodr\u00edguez Morales<\/p>\n<p>Fotos: Archivo MiPatrimonio y\u00a0Diario El Trabajo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 11 de mayo de 1947 se escribi\u00f3 una de las p\u00e1ginas policiales m\u00e1s \u2018rojas\u2019 en materia criminal. 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