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Académico sanfelipeño es distinguido como Emérito en la Universidad de Chile por su aporte a la computación

  • Exalumno del Liceo Roberto Humeres Oyaneder de San Felipe, fue reconocido por más de 50 años de trayectoria académica, siendo uno de los pioneros en el desarrollo de la computación en el país.-

Como uno de los principales impulsores de la computación en Chile, el académico José Pino Urtubia fue recientemente distinguido como Profesor Emérito por la Universidad de Chile, uno de los más altos reconocimientos que otorga la casa de estudios a quienes han dejado una huella significativa en su disciplina y en la formación de generaciones.

El reconocimiento da cuenta de una trayectoria de más de 50 años ligada a la universidad, donde el profesor fue uno de los fundadores del Departamento de Ciencias de la Computación en 1975, en un contexto en que esta área aún no se consolidaba como disciplina. Su trabajo fue clave para posicionar la computación dentro de la ingeniería, aportando además a la creación de programas fundamentales como la carrera de Ingeniería Civil en Computación, el Magíster en Ciencias mención Computación y el Doctorado en el área.

A ello se suma una prolífica labor investigativa, con más de 200 publicaciones científicas, junto con su participación en el desarrollo de iniciativas pioneras, como la creación de uno de los primeros software chilenos con proyección internacional. Asimismo, tuvo un rol activo en la organización académica, siendo director del Departamento de Ciencias de la Computación y participando en diversas instancias de evaluación y desarrollo institucional.

Sin embargo, detrás de este destacado recorrido académico, hay una historia que comienza en San Felipe, ciudad donde nació y creció, y que, según el propio profesor, fue clave en su formación personal y profesional.

«Fue una infancia y juventud muy felices, te diría yo… como todo niño y joven con inquietudes en esa época… fue un periodo feliz, interesante», recordó sobre sus años en la comuna.

Su formación escolar la realizó en el entonces Liceo de Hombres de San Felipe, actual Liceo Roberto Humeres, establecimiento que, pese a las limitaciones de la época, dejó una profunda huella en su desarrollo.

«El liceo tenía una buena tradición… sin embargo, tenía escasos recursos materiales y humanos. De hecho, era usual que los estudiantes no tuviéramos clases de alguna asignatura durante todo un año», señaló en su discurso durante la ceremonia de reconocimiento.

A pesar de ello, destaca el rol de sus profesores, a quienes recuerda con especial afecto. «Tengo recuerdos muy gratos de muchos profesores que tuve en esa época… el profesor Gilberto Valdés, de Castellano… el profesor Rivadeneira, de Inglés…», mencionó.

Pero sin duda, una de las figuras más determinantes en su historia fue el rector del establecimiento, Manuel Labrind, quien influyó directamente en la decisión que marcaría su futuro. «Le conté… que mi decisión era ser técnico en electricidad… Entonces se quedó pensando un momento y me dice ‘no, señor, usted va a estudiar ingeniería y en la Universidad de Chile’», relató. Este episodio también fue destacado en el discurso que ofreció al recibir el reconocimiento, donde profundizó en el impacto de esa orientación en su vida.

«Bueno, esa es una de las razones por las cuales hoy estoy aquí. En caso contrario, tal vez habría hecho la instalación eléctrica en la casa de más de alguno de ustedes», agregó.

En ese mismo relato, el académico valoró la importancia de ese consejo en un contexto donde no existía el acceso a la información que hoy tienen los estudiantes. «Recuerden que en 1964 no había internet, ni computadores personales, ni teléfonos celulares. La información pública era escasa… yo mismo tenía muy pocos elementos para tomar una decisión importante», expresó.

Tras egresar del liceo, el paso desde San Felipe a Santiago significó un cambio importante, enfrentándose a un entorno mucho más exigente. «Era tremendamente exigente, tanto así que la mitad de los alumnos siempre reprobaba el primer año… Fue un shock para mí», comentó, detallando que debió dedicar largas jornadas al estudio, tanto en bibliotecas como en su lugar de residencia.

Su acercamiento a la computación se produjo recién en su etapa universitaria, en 1967, cuando esta disciplina aún era prácticamente desconocida en Chile. «La computación en esa época no se conocía… los computadores eran unas cosas enormes, unos monstruos… funcionaban solo por media hora porque se recalentaban», explicó.

Otro de los episodios que marcaron su paso por San Felipe fue el sismo de 1965, que afectó gravemente la infraestructura del liceo donde estudió. «Fue un año bastante trágico… el liceo quedó prácticamente con la mitad de su infraestructura destruida», recordó, señalando que este hecho dejó una huella importante en su memoria.

Pese a los desafíos y al paso del tiempo, el vínculo con su ciudad de origen sigue presente, especialmente al recibir un reconocimiento de esta magnitud. «Yo creo que es algo interesante para toda la comunidad sanfelipeña… pueden sentirse orgullosos», expresó.

De esta manera, la historia de José Pino Urtubia no solo refleja una destacada trayectoria académica a nivel nacional, sino también el camino de un sanfelipeño que, desde la educación pública local y con el impulso de quienes creyeron en él, logró convertirse en una figura clave en el desarrollo de la computación en Chile, dejando un legado que hoy es reconocido a nivel país.

El académico José Pino Urtubia junto a la rectora Rosa Devés Alessandri de la Universidad de Chile.
El académico José Pino Urtubia junto a la rectora Rosa Devés Alessandri de la Universidad de Chile.
De izquierda a derecha: el decano Francisco Martínez, la rectora Rosa Devés, José Pino Urtubia, su esposa Adriana y el exrector Víctor Pérez.
De izquierda a derecha: el decano Francisco Martínez, la rectora Rosa Devés, José Pino Urtubia, su esposa Adriana y el exrector Víctor Pérez.
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