- La odontóloga andina completó la travesía en 14 días. Su hazaña fue destacada por la comunidad, reflejando un proceso de preparación física y mental de alto nivel.-
Un verdadero hito para el montañismo local se vivió recientemente en el Valle del Aconcagua, luego que la deportista andina Catalina Caiceo Mejías, de 35 años de edad, lograra alcanzar con éxito la cumbre del Monte Aconcagua, el punto más alto de América, ubicado en la provincia de Mendoza, Argentina.
La hazaña, conseguida el pasado 2 de febrero, posiciona a la montañista dentro del selecto grupo de personas que han logrado llegar a los 6.962 metros sobre el nivel del mar, enfrentando condiciones extremas de altura, frío y escasez de oxígeno.
Catalina desde hace años mantiene una estrecha relación con la montaña, convirtiéndose en una figura conocida en redes sociales como ‘Cata de los Cerros’.
«Lo que es el senderismo es de toda la vida… desde los 15 años», comentó, recordando que antes competía en bicicleta en sectores cordilleranos. Su incursión en la alta montaña comenzó formalmente en 2019, cuando empezó a realizar ascensos sobre los 4 mil metros.
Sobre lo que la motivó a enfrentar este desafío, la deportista fue clara: «Es como el amor a la montaña principalmente… es como el llamado que me hace, porque la ves desde todas las partes del Valle del Aconcagua, se ve tan imponente, tan majestuoso», señaló.
El ascenso no fue improvisado. Catalina realizó una preparación intensa durante siete meses, combinando entrenamiento personalizado, acondicionamiento físico y múltiples salidas a cerros de altura. «La preparación fue física, mental obviamente también… de siete meses, full, intensos», explicó.
Parte importante de este proceso contó con el respaldo de auspiciadores que apoyaron su travesía, entre ellos Move Andes, que la acompañó en su preparación deportiva, además de Hardwork Chile, Fundación Ruta Aconcagua y la agencia Aconcagua Star, que fue clave en la expedición.
Entre sus entrenamientos previos, la montañista realizó ascensos en sectores como el Cerro de la Gloria, en El Peñón; el Tres Hermanos Sur y también prácticas en Farellones, La Parva, buscando adaptarse a la altura.
Catalina se integró finalmente a una expedición organizada por la agencia Aconcagua Star, luego de evaluar distintas alternativas para realizar el ascenso.
«Busqué muchas expediciones… ir sola también fue una opción, pero sumaba muchas cosas», relató, detallando los altos costos logísticos que implica enfrentar una montaña de estas características.
La deportista ingresó al parque provincial Aconcagua el 22 de enero y salió el 4 de febrero, completando una travesía de 14 días junto a un grupo de 15 personas, incluyendo guías especializados.
Durante ese periodo, debió pasar por distintos campamentos y chequeos médicos obligatorios, que monitorean la adaptación del cuerpo a la altitud. «Yo estaba súper bien, saturando bien el oxígeno, la presión también… finalmente son adaptaciones que se van dando en el cuerpo», señaló.
Aunque el ascenso fue exitoso, las condiciones de la montaña presentaron desafíos importantes, especialmente por el clima cambiante y los fuertes vientos.
«En la tarde se nublaba… frío, viento de 80 km/h que yo sentía que la carpa se iba a salir volando», recordó. Además, la posibilidad de hacer cumbre dependía de un margen climático extremadamente breve. «Tuvimos una ventana extremadamente corta… fue el 2 de febrero», afirmó.
Catalina confesó que aún está procesando lo vivido tras alcanzar la cima más alta del continente. «El significado todavía lo estoy procesando… como que aún no tengo respuestas concretas», expresó. Sin embargo, sí pudo resumir lo sentido en tres palabras: «Mucha emoción, mucho orgullo y mucha gratitud por la montaña… ese respeto y admiración».
Actualmente, se encuentra en descanso hasta marzo para recuperarse emocionalmente de la experiencia.
Tras esta hazaña, Catalina ya proyecta futuras metas deportivas, incluyendo una ruta distinta en el mismo Aconcagua. «Hay una ruta que se llama la ruta 360… igual podría hacerlo en un futuro», señaló. Además, sueña con intentar el Nevado Juncal, la montaña más alta de la Quinta Región, un desafío aún más técnico por la presencia de glaciares. «Sería un bonito objetivo… un homenaje, porque ahí es donde nace la vida de nuestro valle», concluyó.







