- La mujer acusa falta de información, retrasos en exámenes y una atención tardía que, asegura, refleja una problemática que afecta a muchas familias que dependen exclusivamente de la salud pública en el país.-
Con profundo dolor y aún tratando de ordenar todo lo vivido, Jessica del Carmen Cornejo Muñoz, de 58 años de edad, decidió alzar la voz. A tres meses del fallecimiento de su esposo, Carlos Ricardo Santander Cornejo, de 74 años, la mujer denuncia una serie de demoras, falta de información clara y una sensación permanente de abandono durante el proceso de atención médica que enfrentaron en el sistema público de salud.
Según relató, los primeros síntomas de su marido comenzaron durante 2024, cuando presentó fuertes dolores que la familia asoció inicialmente a problemas óseos y artrosis, debido a trabajos pesados realizados durante años en la construcción. En ese momento, aseguró, nunca se plantearon la posibilidad de una enfermedad grave.
«Él empezó con dolores, pero los asociábamos a la artrosis. Nunca pensamos que era la próstata. Uno confía en lo que dicen los doctores», señaló.
Durante los primeros meses, el matrimonio recurrió a atención médica particular, financiada mediante rifas y eventos solidarios organizados por la familia, ya que la pensión no alcanzaba para costear consultas y exámenes.
«Hacíamos eventos para poder atenderlo particular, porque la plata no alcanzaba para todo. Igual había que pagar luz, agua, la casa», recordó.
Sin embargo, al agotarse los recursos económicos, decidieron ingresar al sistema público de salud a través del Cesfam, desde donde se inició una interconsulta a un especialista en la ciudad de Los Andes. Según el testimonio, ese proceso estuvo marcado por extensas esperas.
«La interconsulta se demoró meses. Uno iba, preguntaba, insistía, y siempre era ‘hay que esperar’», comentó.
Una vez derivado al especialista, comenzaron los intentos por realizar exámenes más complejos, particularmente biopsias, las que —según relató— debieron ser reagendadas en varias ocasiones debido a las descompensaciones que sufría su esposo tras la administración de medicamentos previos a dichos procedimientos.
«Le daban remedios antes de la biopsia y se descompensaba. Se me caía. Yo les decía que le dieran otra cosa, pero siempre era cambiar la hora y volver a esperar», explicó.
En paralelo, el estado de salud de Carlos Santander se deterioraba visiblemente, lo que obligó a la familia a acudir reiteradas veces al servicio de urgencias por fuertes dolores, dificultad para caminar y problemas para orinar. «Lo llevamos más de 15 veces a Urgencia. Él no aguantaba los dolores», relató.
Fue precisamente en una de esas atenciones de urgencia donde, según contó Jessica Cornejo, una médica solicitó un escáner que evidenció un cáncer avanzado, información que —afirmó— no fue comunicada formalmente a ella de manera directa en ese momento.
«Ahí recién nos enteramos que tenía cáncer avanzado. Pero eso fue cuando ya estaba muy mal», dijo.
La mujer sostuvo que, durante gran parte del proceso, nunca recibieron una confirmación clara y oportuna del diagnóstico, ni una explicación detallada sobre la real magnitud de la enfermedad.
«Nunca nos dijeron claramente que tenía cáncer. Siempre era esperar otro examen, otro resultado. Uno no va a cuestionar a los doctores, porque ellos son los que saben», expresó.
Respecto al tratamiento, señaló que este se limitó principalmente a medidas paliativas para el manejo del dolor, incluyendo inyecciones y medicamentos, sin que se iniciara quimioterapia. «Eran para el dolor, no para el cáncer. Él cada vez estaba peor», agregó.
El deterioro fue progresivo. Carlos Santander dejó de caminar, bajó considerablemente de peso y debió comenzar a usar pañales, mientras la familia realizaba gestiones para acceder a ayudas y cuidados domiciliarios.
Uno de los episodios que más marcó a Jessica Cornejo ocurrió el mismo día del fallecimiento de su esposo, el 6 de octubre de 2025. «Ese día recién iban a llegar los pañales por la municipalidad. Los fui a buscar en la mañana y en la tarde mi marido falleció. Los tuve que devolver», relató.
Hoy, la mujer asegura que su objetivo no es responsabilizar a médicos o funcionarios en particular, sino visibilizar una realidad que, a su juicio, viven muchas familias que dependen exclusivamente del sistema público de salud.
«Yo no quiero que le pase a nadie más. Esto no es un caso aislado. Hay muchas personas esperando exámenes, esperando resultados, esperando que alguien les diga la verdad», afirmó.
Finalmente, Jessica señaló que conserva toda la documentación clínica de su esposo y que ha realizado reclamos ante las instancias correspondientes, insistiendo en que su testimonio busca generar conciencia sobre las falencias estructurales del sistema de salud.
«Mi marido murió esperando; esperando resultados, esperando atención, esperando dignidad», concluyó.
Nota de la periodista:
La falta de información clara y educación hacia pacientes y sus familias mantiene a muchas personas enfrentando enfermedades graves desde la incertidumbre y el desconocimiento. En un contexto donde el cáncer se ha convertido en una de las principales causas de muerte, resulta fundamental fortalecer la orientación sobre diagnósticos, garantías GES, plazos y derechos en salud, para que las familias sepan qué hacer, cómo actuar y a qué acceder. La información oportuna no solo entrega herramientas, también permite acompañar estos procesos con mayor claridad y dignidad.







