- Solo la gran actuación del arquero albirrojo impidió que los sanfelipeños sufrieran su primera caída en el Municipal.-
Un empate con sabor a derrota fue la exigua cosecha de Unión San Felipe en su enfrentamiento del sábado pasado frente a Curicó Unido. El cero a cero con que terminó el pleito terminó por ser casi un castigo para el conjunto ‘tortero’, que hizo méritos de sobra para llevarse la victoria.
De acuerdo a lo que dice el primer párrafo de esta crónica, suena a un contrasentido decir que en el paladar haya quedado la sensación de derrota y no de triunfo, pero claramente la impresión a que fue un traspié, viene desde lo netamente futbolístico, al verse un San Felipe carente de ideas, sin ambición, escaso ritmo y actuaciones individuales extremadamente bajas.
Estar ya en la fecha 7 del torneo impide a técnicos y jugadores argumentar que la falta de fondo futbolístico se debe a que el Uní Uní es un equipo en formación. Eso ya no cuadra, porque hablamos de un plantel que lleva meses de trabajo. Es en ese punto donde hay que poner el acento, ya que fecha a fecha los de Landeros entregan señales muy confusas (días libres, falta de dobles turnos, no hay partidos de ensayo que antes -dos al mes- eran casi una tradición contra Trasandino. Así es muy difícil progresar.
Lo del sábado último fue penoso y muy preocupante, tanto que dentro del medio en general no dudan en calificar a los sanfelipeños como el equipo que más feo juega en la división, y si ahora no es colista, es por obra y gracia del azar. Rivales pocos finos en la definición o simplemente porque Rangers (último lugar) pasa por un momento de desorden total.
Generalmente una crónica relativa a un partido debe hablar de los detalles y las acciones que ocurrieron durante este. Sin embargo, esta carecerá de todo eso, porque simplemente Unión San Felipe no existió en el reducto de la Avenida Maipú, al mostrar nada. Solo su arquero, Leandro Cañete, justificó el esfuerzo económico que hicieron los casi 600 hinchas que pagaron su boleto para ser testigos del encuentro.
Ya en la previa estaba claro que los sanfelipeños no ofrecerían mucho. Dejar en el banco de suplentes a Axel León, es dar ventajas, porque si bien es cierto la sola presencia del volante central en el campo de juego no es garantía de éxito, sí lo es en cuanto al factor ‘sangre’, al ser un canterano que siente en la piel la camiseta albirroja, igual caso que Raimundo Díaz, quien mientras estuvo en campo de juego destacó por su entrega. Es claro el tema, la dupla de volantes centrales debe ser Díaz y León, pero Landeros al parecer prefiere evitarse problemas y a la hora de hacer modificaciones hace lo que hacen todos los técnicos chilenos. Saca a los chicos.
Que quede claro, Unión San Felipe no estuvo siquiera cerca de ganar a Curicó, salvo una que otra arremetida que fueron posibles más por errores del rival que genialidades propias. En rigor dos. Una de Bairo Riveros y un cabezazo de Byron Guajardo. Eso sería todo, ya que la mayor parte del tiempo los aconcagüinos tienden a jugar para el lado y hacia atrás. El único que intentó algo distinto fue el extremo Benjamín Aravena, pero el técnico lo sacó. Sin comentarios.
El cero a cero contra Curicó Unido tuvo nombre y apellido. Leandro Cañete, el que regaló una actuación que se recordará por mucho tiempo. Ya antes de los tres minutos tuvo una doble intervención con la que avisó que sería su tarde. Con el correr de los minutos se convirtió en un frontón impasable para los curicanos, los que cuando pudieron superarlo, se encontraron con los tubos del arco sanfelipeño; más que mal, siempre se dice que un buen arquero tendrá de cómplices a los palos.
Leandro Cañete, Kevin Serrano, Byron Guajardo, Raimundo Díaz, Benjamín Aravena, Patricio Muñoz y Axel León (debe ser el capitán y no estar en la banca), fueron los que sostuvieron una igualdad que provocó tristeza y rabia, además de dejar muchas dudas para el futuro, porque con solo siete jugadores comprometidos es imposible sostener una campaña.








