- Desde San Felipe y Los Andes, dos titiriteros comparten sus historias de vida, vocación y los desafíos de mantener vivo este arte en la actualidad.-
Cada 21 de marzo, el mundo conmemora a un arte escénico que por siglos ha dado vida a objetos, historias y personajes: el teatro de títeres y marionetas. De acuerdo con información del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural de Chile, la fecha, conocida como el Día Mundial de la Marioneta o del Títere, surge gracias a la iniciativa del titiritero indio Dadi Pudumjee, aprobada en 2002 durante la reunión de consejeros de la Unión Internacional de la Marioneta (UNIMA) en Atlanta.
El debate sobre la creación de esta efeméride comenzó previamente en el 18º Congreso de UNIMA realizado en Magdeburgo en el año 2000, concretándose posteriormente su instauración. Desde entonces, la celebración ha ganado reconocimiento a nivel mundial, emitiéndose el primer mensaje internacional en Nueva Delhi en 2003.
El objetivo de esta jornada es aumentar el conocimiento y la valoración del teatro de títeres en distintos ámbitos culturales. En Chile, este arte no solo se mantiene vigente, sino que además ha sido reconocido oficialmente, ya que el teatro tradicional de títeres forma parte del Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial, según información del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.
En este contexto, Diario El Trabajo quiso relevar esta conmemoración dando voz a cultores del Valle del Aconcagua, entrevistando a dos exponentes de este oficio: Nina Legrand, de San Felipe, y Hugo Antonio Hernández Urtubia, de Los Andes, quienes desde sus distintas trayectorias mantienen viva esta disciplina artística.
Nina Legrand, conocida artísticamente como ‘Ninatitiricuenta’, es titiritera, cuentacuentos y arteterapeuta comunitaria, con más de dos décadas de experiencia en el rubro.
«Me dedico al mundo de los títeres hace más de 20 años, pero mi historia con ellos comenzó mucho antes, en mi infancia… crecí con la imaginación muy despierta y la cabeza llena de historias», relató, recordando una niñez marcada por los relatos familiares y la creatividad.
Sobre su decisión de dedicarse a este oficio, señaló que «siento que más que elegir este oficio, este oficio me eligió a mí… hay algo muy mágico en darle vida a un objeto y que ese objeto pueda hablar, hacer reír, emocionar y entregar mensajes».
Su trabajo abarca diversas técnicas como títeres estilo muppet, teatro de objetos, máscaras y teatro Lambe Lambe, destacando este último como una experiencia íntima y profunda para el espectador. Además, desarrolla talleres y mediación lectora en colegios y comunidades del Valle del Aconcagua.
Respecto a las temáticas, explica que sus obras abordan contenidos vinculados al fomento lector, educación emocional, valores, medioambiente e identidad local, dirigidas no solo a niños, sino a públicos de todas las edades.
Para Legrand, el valor del títere en la sociedad actual es fundamental. «Yo creo que los títeres hoy aportan algo muy necesario: humanidad… el títere hace que las personas se detengan un momento, miren, escuchen, imaginen y vuelvan a encontrarse», expresó.
Sin embargo, también reconoce dificultades en el rubro. «Uno de los principales desafíos es que se valore el oficio del titiritero y la titiritera como un trabajo profesional», enfatizó, junto con la necesidad de visibilizar el trabajo artístico local.
Finalmente, en el marco de esta conmemoración, entregó un mensaje claro. «Me gustaría que este oficio nunca muera, que siga vivo y que también las nuevas generaciones tengan la oportunidad de conocer el mundo de los títeres… porque cuando un títere aparece, aparece la risa, la emoción y se abre el corazón».
‘THE MAGIC SHOW’
Desde Los Andes, Hugo Antonio Hernández Urtubia, creador de ‘The Magic Show Títeres y Marionetas’, también comparte una historia marcada por la creatividad desde temprana edad.
«Desde mi infancia he sido constructor de muñecos… entre maderas fui aprendiendo a manejar herramientas y a construir mis propios juguetes», contó, recordando que, debido a las limitaciones económicas de su familia, comenzó a fabricar sus propios objetos, desarrollando así sus habilidades manuales.
Fue cerca de los 26 años de edad cuando conoció el mundo de las marionetas, iniciando un camino que lo llevó incluso a perfeccionarse en Barcelona, España. «Desde ese entonces no he parado de construir marionetas y manipular», afirmó.
Actualmente, su especialidad se centra en marionetas de hilo, aunque también trabaja con títeres de guante y figuras de gran formato, destacando su enfoque en espectáculos musicales dirigidos principalmente a niños.
Sobre el rol educativo de este arte, sostiene que «la marioneta y el títere es una muy buena herramienta de aprendizaje que no se le ha dado el enfoque necesario… los niños y niñas aprenden mucho más a través de un muñeco».
En cuanto a los desafíos actuales, menciona la competencia con las tecnologías. «Hoy en día cuesta mucho más llegar a algunos niños, porque están los celulares, los juegos por internet, la TV… pero tratamos de ser más creativos e innovadores», comentó.
Pese a ello, recalca la importancia de la perseverancia y la creatividad, destacando que su motivación principal es «llevar alegría a chicos y grandes» y «darle vida a un objeto inerte».
Finalmente, entregó un mensaje en el marco del Día Mundial del Títere. «Mi mensaje es que vivan los títeres y las marionetas, que vivan todos los titiriteros del mundo, sigan creando porque hay muchos niños y niñas que tienen que reír», cerró.
Desde Diario El Trabajo extendemos un saludo a todos y todas quienes mantienen vivo este oficio, llevando alegría, cultura y aprendizaje a comunidades del Valle del Aconcagua y del mundo.








