De acuerdo a cifras estadísticas entregadas durante la semana pasada, Unión San Felipe está casi al tope del triste ranking de ser uno de los clubes que menos público lleva cada vez que debe oficiar como anfitrión. En el último encuentro como local frente a Deportes Puerto Montt no se vendieron más de 300 entradas.
En este lastimoso y casi vergonzoso ítem, los sanfelipeños solo superan a Deportes Recoleta. En siete partidos como local, el Uní Uní promedia 740 espectadores, incluyendo hinchadas numerosas que han venido al municipal cuando les ha correspondido enfrentar a los aconcagüinos, como fue el caso de Santiago Wanderers y Rangers de Talca.
«Que una ciudad como San Felipe tenga fútbol profesional en la Primera B es casi un milagro, porque a la falta de público suman un estadio sobrepasado en el tiempo y casi un nulo apoyo de la empresa privada y las autoridades de turno», dijo a El Trabajo Deportivo un personero ligado a la representación de jugadores que prefirió el anonimato.
La baja asistencia al reducto de la Avenida Maipú se puede deber a diversos factores que en otras ediciones de El Trabajo Deportivo iremos analizando. Ahora, las más claras y evidentes pueden deberse a las malas campañas de los últimos años, aunque ese argumento tiene matices muy marcados, ya que cuando el equipo ha sido protagonista, el público no supera las mil personas.
El valor de entradas también se esgrime como factor, pero hay que recordar que durante un mes el club dispuso abonos que objetivamente proponían las entradas más baratas de todo el fútbol chileno, y la gente no los compró.
También se habla de la pésima condición en la que se encuentra el Estadio Municipal, recinto que pese a contar con varias ‘manitos de gato’, simplemente no responde a los estándares que la gente y el deporte exigen en el siglo XXI. Las nuevas generaciones piden recintos de nivel ya sea en el deporte o la cultura.
En fin y como sea, la verdad es una sola y por más que les duela a los detractores, que son muchos, hoy por hoy el Uní Uní solo subsiste por una administración ordenada, que gasta lo que puede gastar, sin caer en la tentación de hacer contrataciones que puedan hipotecar el futuro de un club que por algo no tiene mayores interesados en ser adquirido por nuevos propietarios, pese a estar a la venta hace ya tres años.






