La destacada pintora sanfelipeña, Irene Milla Gutiérrez, sigue cosechando reconocimientos gracias a su gran talento y las obras que ha entregado a la comunidad. Premiada por ‘Trayectoria Cultural’, ‘Patrimonio Cultural’, en esta última ocasión obtuvo la distinción de ‘Patrimonio Vivo’.
Al conversar con Diario El Trabajo, admite que lleva más de 30 años en la pintura, siendo alumna de Raúl Pizarro William Iriarte. Sostiene que no se ha dado cuenta del paso del tiempo en estas tres décadas. «Yo pinto lo que se me ocurre, no soy copia de nadie, y ha sido muy lindo el cariño de la gente. He pasado por distintas administraciones municipales y ha sido como lo mismo, siempre con harta deferencia por mí», señaló.
En cuanto a sus inicios en el arte, estos fueron de niña, cuando ganó varios concursos en diferentes colegios. «Me gusta mucho la figura humana, la verdad es que mi pintura es transversal porque no tengo algo fijo, me encantan las marinas, los bodegones, pero más que nada me gusta pintar las cosas que ya no están. Mi última exposición se llamó ‘Nostalgia’, que la hice en el Centro Cultural de San Felipe, donde muestro mis jarros antiguos; es decir, cosas que ya no existen», explicó Milla.
Respecto del origen de su veta artística, reconoce que esto viene de familia: «Mi abuelo materno llegó de Francia, era diseñador de calzado, trabajaba para fábricas Cespal, Guante y no sé qué otras más de esos años. Donde él dibujaba, fabricaba el calzado de hombre y siempre me gustó el dibujo, el diseño. Yo creo que uno nace con esa habilidad», contestó.
Está a punto de cumplir 76 años, vive en el sector El Almendral, calle El Convento, y obviamente sigue con ganas de seguir pintando, porque cree que el sentimiento artístico no desparece nunca, «es una terapia», estableció la pintora, agregando que su living es su taller.
Actualmente es viuda, su marido era Víctor Hugo Carvallo, y tiene tres hijos: la mayor Alison, Fabrizio y Estefanía, además de nueve nietos.
En estos momentos vive con su nieto mayor, quien es escritor y músico. «Ahí nos complementamos, él me critica mis trabajos. Es muy lindo estar con él, como que nos fusionamos», sostiene.
Al cerrar, Irene nos entrega una profunda reflexión: «Yo creo que a la edad que sea uno tiene que hacer lo que el corazón le dice, independiente si sepa dibujar o no… Siempre se puede aprender. Y que la pintura es una terapia donde uno puede decir lo que no se atreve a lo mejor a hablar», cerró.







