- A pesar de las reuniones y promesas de mejoras tras la denuncia efectuada días atrás, residentes señalan que la convivencia diaria sigue siendo insostenible debido a malos olores, polvo y plagas de moscas y roedores.-
Luego que Diario El Trabajo diera a conocer la semana pasada la denuncia de la comunidad de Calle Herrera por los graves problemas ambientales provocados por el funcionamiento de una lechería industrial, un habitante histórico del sector decidió su testimonio bajo reserva de identidad, para visibilizar la compleja realidad con la que conviven diariamente.
La persona entrevistada, nacida y criada en Calle Herrera, explicó que el sector ha sido históricamente un lugar tranquilo, habitado en su mayoría por adultos mayores y familias donde casi todos guardan vínculos de vecindad y parentesco. Sin embargo, el explosivo crecimiento de la lechería industrial ‘Don Alejo’ transformó radicalmente el entorno rural que antes caracterizaba a la zona.
«Antes el vivir era tranquilo. Algunos vecinos tenían sus propias vacas lecheras para vender quesillos frescos y leche limpia entre nosotros mismos. Pero con los años dejaron de tenerlas porque la empresa comenzó a crecer considerablemente, sumando gran cantidad de vacunos lecheros y para engordar», relató el vecino.
Si bien reconoce el progreso de la empresa y la generación de empleo local, enfatizó el impacto negativo en la calidad de vida diaria: «Hemos visto cómo la familia dueña ha desarrollado una gran empresa dando trabajo a vecinos y personas externas, utilizando maquinaria de última generación. Nadie está en contra de ellos ni les tiene envidia; de hecho, estamos agradecidos por las ayudas que como familia han brindado. Pero eso no tiene nada que ver con que la empresa nos invada diariamente con excrementos en las acequias de regadío, moscas, ratones, palomas, polvo seco de guano, malos olores y ruidos molestos de camiones y maquinarias funcionando día y noche», estableció.
El testimonio explica las dificultades cotidianas que enfrentan las familias. «No es grato para nosotros ni para nuestros hijos invitar a amigos a nuestras casas. Los olores, el polvo y las moscas no nos dejan compartir un asado en el patio ni tomar una once en una tarde de verano. A la entrada de Calle Herrera el olor es fétido y muy difícil de quitar; hasta la ropa que tendemos en el cordel queda hedionda y la ropa blanca termina manchada por las moscas».
«PROMETIERON MEJORAS, PERO TODO SIGUE IGUAL»
Pese a las reuniones sostenidas de los últimos días y el abordaje de la temática ambiental, la percepción en la comunidad es de estancamiento. «No vemos cambios en el actuar ni en el pensar de la lechería. Nos prometieron hacer muchas mejoras, pero todo sigue exactamente igual», lamentó el residente.
Asimismo, respondió a las críticas recibidas a través de redes sociales tras la primera publicación, indicando que «leía los comentarios y la gente que no vive acá puede opinar muchas cosas. Decían ‘es el campo’ y que nos molestan las moscas, pero hay que estar todos los días acá para darse cuenta de lo molesto y fastidioso que es. No es que seamos de ‘alta sociedad’, es simplemente saber respetar al vecino, al medio ambiente y a la naturaleza», añadió.
Finalmente, la comunidad hace un llamado urgente a las autoridades competentes para fiscalizar y exigir soluciones definitivas. «Es fácil escribir cuando no se vive esto día a día. Solo esperamos que esto se solucione pronto y que la empresa, el área de Medio Ambiente y la municipalidad hagan lo que les corresponde», concluyó.





