- Los excesos lo tienen hoy ocupando una silla de ruedas, pero su salud ha mejorado y afronta el día a día con optimismo.-
Manuel Alejandro Valdivia Sánchez es un conocido vecino de nuestra comuna, tiene 54 años de edad y actualmente se encuentra en silla de ruedas eléctrica, que le permite moverse con mayor facilidad por la ciudad.
Sin embargo, y para muchos puede parecer extraño, pero su situación no siempre fue la que atraviesa hoy. Muchos lo recordarán por lavar vehículos en la estación de servicio frente al cuartel de la PDI, en la intersección de las calles Ramón Freire y Combate de Las Coimas.
Pero, de la noche a la mañana a Manuel no se le vio más, y es que tuvo que pasar por el quirófano por una complicada operación a corazón abierto, luego que se le taparan las arterias. Pasó el tiempo y luego ‘reapareció’ por nuestra comuna, esta vez en silla de ruedas, lo que causó sorpresa en muchos. Esta es una historia donde la vida da un giro en 180 grados.
En conversación con Diario El Trabajo, Manuel Valdivia contó que desde el año 2021 comenzó con sus enfermedades. Primero la operación en el corazón, luego le amputaron un dedo y después una pierna: «Pero así es la vida… problemas, todas esas cosas. Gatilla todo, tenía estrés, pero ahora estoy sano, estoy bien. No tomo alcohol, no fumo, me dedico 100% a mi salud», comentó.
El vecino explicó que pasó a utilizar silla de ruedas porque «se me encona un dedo, se me hincha, se pone rojo, y después hay que cortarlo, porque sufro de las arterias y para eso tomo ocho remedios diarios. Pero, anímicamente estoy bien; he estado con psicólogo, hago gimnasia, estoy yendo a terapia, ahora ya en febrero me ponen la prótesis… voy al día con todas mis cosas. No como antes, que era desordenado y nunca hice lo que tenía que hacer, siempre me dijeron ‘no sigai, no sigai haciendo lo que haces’ (sic), y seguí. Estas son las consecuencias», señaló.
En esta línea, Valdivia aprovechó para enviar un mensaje a los jóvenes: «No hagan lo que uno hace, dedíquense a otras cosas; a trabajar, estudiar. Uno llega solo a los vicios, como el alcohol, la droga… se pegan en la vida. Llevo tres años que no me drogo, no fumo nada… estoy limpio. Me siento bien y aquí estoy», admitió.
-¿Cómo fue ese proceso cuando te comunican que te van a amputar una pierna?
– Estuve como 15 días en el (Hospital) San Camilo y cuando llego a Los Andes el doctor Contreras es quien me dice ‘esta pierna está perdida, hay que cortarla. El jueves te corto el tobillo y otro (día), te corto el muñón. Así me dijo, ‘yo salvo vidas, no salvo miembros, así te vas a sentir un poco mejor y te vas a aliviar’.
Asimismo, comentó que los dolores de las arterias son insoportables: «Día y noche, día y noche del 1 al 10… un 11 todos los días con dolores. No es llorar, es gritar…».
Aseguró también, que quedó eclipsado tras el estudio del doctor: «’Es tu vida o el miembro de la pierna’, porque si no me cortaban me moría, debido a que tenía gangrena más debajo de la rodilla».
-¿Cómo fue ese proceso, que después de caminar pasar a silla de ruedas?
– Igual me dieron remedios para el estrés, la angustia, para subir de ánimo. Porque uno no asimila las cosas de primera, después le encuentras peso. Quedas limitado, no puedes salir para el centro, para ningún lado.
Hoy en día Manuel pertenece a una agrupación de discapacitados y se inscribió para recibir una silla eléctrica, la que afortunadamente obtuvo y le da más autonomía en su vida.
Cuenta que su diario vivir es tranquilo; se acuesta alrededor de las 22:00 horas, escucha un poco de música, ve las noticias y al día siguiente se levanta a eso de las 08:30 horas y va al gimnasio del Cesfam.
«Yo me baño solo, ando con un burro, soy ágil, soy como autovalente. Hago todas mis cosas menos la cama, porque todavía no tengo la prótesis; ya cuando la tenga, voy a poder servirme una taza de té, si es que me acepta el cuerpo. Pero estoy relajado, anímicamente estoy bien», señaló el vecino.
Al finalizar, reflexionó sobre las cosas que aún quiere hacer. «Como estoy en un 100%, bien anímicamente, tengo amigas, amigos que me ayudan, pero quiero hacer cosas en el último minuto de mi vida, como trabajar en comercio para no aburrirme».
Manuel es hincha de Universidad Católica, tiene cuatro hijos y agradece a Dios que están todos estudiando, algunos en la universidad: Alejandro estudia en la Universidad Técnica Federico Santa María, que está por terminar su carrera; Agustina cursa el cuarto medio y estudiará Minería; y las gemelas Angélica y Anabel estudian Podología y Biología Marina.






